Fui al Banco como todos los días, en un momento pensé en dar parte de enfermo, pero muchos ya sabían que hoy era mi cumpleaños y el gerente no podía faltar ese día, seguramente estarían esperándome con regalos para hacerme creer lo mucho que me consideraban y que siempre me tenían presente, con besos y abrazos falsos deseando en realidad que este año fuese el último en mi vida. Además de ser el día de mi cumpleaños quizás podría ser el día de mi muerte, fue por eso que decidí llevar el revólver; no le daría tiempo a la detective a sacar el suyo de la cartera, yo sería más rápido y le dispararía primero. Esa hija de puta iba a caer a mis pies y confesaría que había sido mandada por el Sr. Adolfo Kolh delante de todos los empleados, entonces yo habría actuado en defensa propia.
A pesar que sabía quien iba a ser mi verdadero asesino lo seguía tratando con respeto, le debía mucho al Sr. Kolh y consideraba su venganza justa, yo me había aprovechado de su confianza y merecía esto, aunque no estaba preparado. A lo mejor si él hubiese venido personalmente a matarme no me resistiría, pero el haber mandado a un segundo me parecía una cobardía.
No quiero pensar más en el asunto.
Como dije, tomé el arma, me la puse detrás, en la cintura, presionándola con el cinto como en las películas hacían todos; parecía un lugar seguro, mi saco la ocultaba. Decidí ir en un taxi, creía que un colectivo podía ser peligroso, sin embargo no me sentía seguro en éste y con mi vista trataba de abarcar todo a mi alcance, buscaba a la mujer del ojo de vidrio parada en cualquier esquina esperando la mejor ocasión para cumplir con su mandato.
Al entrar al Banco bajé mi cabeza sin mirar a nadie y me dirigí a mi oficina, abrí el cajón del lado derecho y dejé el revólver, creo que nadie lo notó. Casi al instante entró Mabel (mi secretaria) y me deseó feliz cumpleaños regalándome un almanaque para el próximo año ¿A quién se le ocurre regalar un almanaque para el próximo año un 11 de noviembre?, sólo a mi secretaria, imbécil. Así fueron desfilando uno a uno, las chicas de cuentas corrientes habían juntado dinero para comprar una corbata, fue el único obsequio que me gustó y puede que algún día use. Las felicitaciones ya se volvían intolerables y pedí que nadie me moleste, no quería que las gordas de tarjetas de crédito me babosearan con sus saludos, ni el fracasado del tesorero me diese un apretón de manos todas transpiradas; quería estar solo. Entonces algunos me llamaban por el interno y con la ayuda de mi secretaria hice un desvío para su teléfono. Después de las diez de la mañana suena la campanilla, era mi secretaria.
- Le dije que no quiero recibir ningún llamado.
- Lo se señor, pero es la Sra. Kolh; pensé que a lo mejor quería recibir su saludo.
- Esta bien, pásemela.... Hola Martina.
- ¿Rubén?, se lo conté, le dije todo anoche. No podía esperar más.
- Hoy es mi cumpleaños...
- Me dijo que ya sabía todo, como sospechábamos, pero que él confiaba en que yo se lo contase primero antes de tomar alguna determinación. Quiere que olvide lo que pasó entre nosotros. Con respecto a vos espera a que te disculpes con tu renuncia para que no pase a mayores y se entere todo el mundo. Así todo vuelve a ser como antes entre él y yo.
- No te preocupes estoy preparado, esto termina hoy.
- Rubén no me estás escuchando. Yo le dije que sí. Mandá tu renuncia hoy mismo, tenés que conseguir trabajo en seguida, no tengo la menor duda. Vos sabés que yo te quise en serio, desde un principio los dos sabíamos que esto no podía funcionar; te juro que lo que pasó entre nosotros no lo voy a olvidar nunca, no lo quiero olvidar, pero vos tenés que tratar de hacerlo, sos joven y exitoso muchas mujeres quisieran estar a tu lado y seguramente salís a la calle y... Sos muy bueno y no te puede ir mal...
- No te preocupes lo voy a solucionar todo hoy...
- Sí, eso es lo que tenés que hacer, pensar en positivo. Sé que a Adolfo lo quiero y es por eso que me quedo con él. No es que los estoy comparando, con vos fue algo distinto, aunque no fue una aventura como en Brasil ¿Te acordás que te conté?. Esta determinación la tomé pensando en lo mejor para vos, él tiene mucha influencia en este ambiente y el conseguir un buen puesto se te haría difícil...
- Ya no me va a perseguir más, hoy...
- ¡Claro! Ya no te va a perseguir más, quedate tranquilo respecto a eso. Estuvo hablando con la detective en cuanto se lo conté (delante mío), y lo dio como un caso cerrado.
- Hoy resuelvo todo, y vas a poder venirte conmigo.
- Hoy... ¿¡Como!? Rubén ¿Qué me estás diciendo?. No me entendiste nada. Mirá, creo que te lo expliqué todo muy bien.
- No Martina, vos no entendés.
- No, no, no; aquí hay una confusión. Espero que esto no te afecte mucho, porque hagas lo que hagas no vas a cambiar mi decisión. Chau.
Había estado hablando sin escuchar sus propias palabras, sé que no había dicho lo que sentía en realidad. Adolfo Kolh la estaba amenazando, tenía una pistola apuntándole en la cabeza, y obligándola a tomar esta determinación que no era justa. Nosotros nos amamos y no hay quien nos pueda separar.
No se acordó de mi cumpleaños.
Quedé con el tuvo del teléfono en la mano, estaba a punto de explotar, en mi interior se estaba generando una energía capaz de aniquilar toda la galaxia y yo tratando de contenerla, una furia imposible de controlar. En ese momento quería destrozar todo a mi alcance, desparramar mi escritorio y no dejar nada sano, deseaba la destrucción de todo. Estaba siendo engañado, sabía que me mentía, y otra vez pensaba que había sido toda una confabulación desde el principio; ella me había provocado para luego crear sospechas y finalmente dejarme sin trabajo, terminar con mi vida. Pero no dejaría que esto sucediese, en cuanto la raquítica del ojo de vidrio cruzase la puerta de entrada del Banco yo estaría preparado para matarla y no darle tiempo a cometer su mandato. En cualquier momento llegaría y la estaba esperando, la estaba esperando.
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