domingo, 27 de abril de 2008

CAPITULO IV

La llamé, pero la llamé para decirle que yo no la había seducido en ningún momento y si pensaba que sí, fue sin querer, quería excusarme; ella lo único que dijo fue que la seducción corrió por su cuenta y me pidió el domicilio, titubeé unos segundos y se lo di.
A la media hora estaba tocando timbre en mi departamento. Cuando le abrí no me dio tiempo a decirle nada, me besó y me tiró sobre el sofá... me hizo el amor, sí, me hizo el amor, yo sólo era un títere sometiéndome a sus instintos, a sus juegos. Nunca me había pasado algo así, ni nunca me hubiese imaginado que pasaría. Lo hicimos dos veces más y quizás hubiese seguido si no fuese porque se levantó de repente de la cama y se fue, se fue porque su marido la llamaría a las 0 horas para ver como estaba y si todo había salido bien. La dejé ir, que más podía hacer.

No hay comentarios: