Como no pude conciliar el sueño nuevamente me duché mientras pensaba en lo que había hecho ayer, había cogido con la mujer de mi jefe, del dueño de mi trabajo, que terrible error había cometido, esto no pudo ser más que una trampa. Me agarraba la cara como estrujándola, arrepentido de lo que había hecho, quería borrar toda la noche anterior, quizás había sido un sueño como la mujer del ojo de vidrio y hoy al volver al Banco me saludaría como siempre y no tendría que dar explicaciones a nadie; pero no, había sido muy real y muy bueno.
Bajé al kiosco de la esquina a comprar el diario «La Capital» y «Ambito Financiero», aunque sé que en la oficina los compran pero quería leerlos tranquilo en casa. Me preparé un buen desayuno con cereal, café, leche, tostadas, manteca y mermelada; por lo general únicamente desayunaba con una taza de café con leche, pero como estaba con tiempo aproveché y no pensaba tanto en Martina, perdón en la señora Martina Kolh. Era imposible, su cara volvía a mí como imágenes de película, como un flash que me hacia cerrar los ojos para borrarla de mi mente; así que tomé mi portafolios y con sólo comer una tostada me fui al Banco.
Iba a tomarme un taxi cuando recordé a la mujer del ojo de vidrio y preferí tomarme un colectivo. Me bajé en la peatonal San Martín y caminé lentamente observando todo, eran las 6 y 30 de la mañana y ya había movimiento de gente; que extraño, pensé que todo comenzaba mucho más tarde.
Golpee la puerta de cristal y el guardia me miró sorprendido, claro mi hora de llegada normal era a las 9.
- ¡Señor! ¿Se cayó de la cama? (Me dijo muy acertado el guardia, que ahora no recuerdo su nombre).
- Si, más o menos.
- ¿Quiere que le prepare un café? Le digo a Eva que está limpiando. ¿Eh?
- No, no. Gracias, yo me lo preparo.
En la cocina estaba Eva limpiando que me saludó con un «Buenos días, Señor»; que incómodo que me sentía cuando me llamaban de «Señor»; pero bueno, la sociedad lo exige.
Entré a mi oficina y traté de distraerme haciendo algún trabajo atrasado, pero el único trabajo atrasado que tenía era el que había venido a firmar Martina, ¡otra vez Martina!, tenía que llamarla Sra. Kolh... pero ¿por qué?, porque la sociedad lo exige, sin duda yo estaba muy exigido por la sociedad y claro, soy gerente de un banco.
El primero en llegar a las 7 en punto fue el tesorero, hacía 11 años que trabajaba en el Banco y 6 que era tesorero, yo en tan poco tiempo ya era gerente de sucursal y ganaba más que el doble de él, sentía que me odiaba; no notó que estaba, o no quiso notarlo, que sé yo, no me importa. Así fueron llegando uno a uno, a las 7 y 30 estaba todo el personal cubierto, dos horas más tarde hizo su entrada triunfal la esposa del dueño; no saludó a nadie, dirigió la mirada hacia mi oficina y esbozó una sonrisa y entró pidiendo permiso.
- ¿Está todo correcto? ( me preguntó )
Yo la miré, ¿sobre que me estaba preguntando?, ¿quería saber si la había pasado bien anoche?
- ¿Perdón? (pregunté como para no decir otra cosa).
- El trabajo para mi marido, el que envió para que firmara.
- ¡Ah! Si, si claro ya se lo puede llevar.
- Todavía no, me quedo todo el fin de semana. Anoche no me trataste de usted (quedé congelado, me seguía provocando, por suerte entró mi secretaria y ella se retiró diciendo que tenía que llamar a su esposo).
Mi situación era terrible, no podía disimular nuestro contacto, no podía definir a Martina o a la Sra. Kolh; a la mujer que había satisfecho mis instintos sexuales o a la mujer de mi jefe. No me daba respiro y volvió a entrar.
- ¿Rubén usted no me haría un favor?
- Si por supuesto Sra. Kolh. ¿Qué necesita? (mi conciencia no me traicionó y pude llamarla como a la mujer de mi jefe).
- Primero que no me llame más señora, y después que esta noche me acompañe a un cóctel que dará una amiga mía por la inauguración de su nuevo local (me estaba proponiendo salir juntos en público, no lo podía creer y tampoco no sabía que decir. Mi mente no racionalizaba muy bien y en todo veía un doble sentido).
- Bueno... no sé, porque...
- Señor, no se puede negar a la esposa de su patrón (dijo muy inoportuna Mabel mi secretaria que aún se encontraba en la oficina).
- Si por favor, me voy a sentir muy desubicada, no conozco a nadie, todos me van a señalar como a la chica del campo que vino a visitar a su amiga de la ciudad, además hoy es viernes, ¿aceptás?
- Está bien, me convenció (que más podía decir, después de todo tenía ganas de ir y en lo posible hacerle el amor toda la noche).
No pasó nada más importante durante el día, bueno, nada relacionado con Martina; dejó temprano la sucursal diciendo que la pasase a buscar por el hotel a las 21 horas, ella tenía que almorzar con una familia amiga.
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