domingo, 27 de abril de 2008

CAPITULO XIV

-Sr. Lastra; es el sr. Kolh desde Arroyo Seco en el teléfono, desea hablar con usted.
Me anunció mi secretaria por el intercomunicador; era rara la vez en que el Sr. Kolh llamaba personalmente al Banco, ¡que diablos quería!, seguramente me diría que estaba despedido porque me había cogido a su esposa; no sé, la única manera de enterarme era atendiéndolo.
- Muy bien, páseme la llamada. Buenos días... señor. En qué le puedo servir (dije en tono algo eufórico, aunque mi simulación ya no sirviese para nada).
- Siempre tan amable usted Rubén. Era solo para informarle que mi esposa viaja para Rosario, llegará cerca del mediodía. Juntos van a viajar a Santa Fe para hablar con empresarios a ver si existe la posibilidad de abrir una sucursal del Banco en aquella ciudad.
- ...
- ¿Qué pasa? ¿No me dice nada?... ¿Rubén?
No podía contestar, lo estaba haciendo a propósito; no sabía qué responder ¿Qué había pasado en realidad con Martina? ¿Y si yo reaccionaba mal?
- No, es que... No estaba enterado de su decisión de abrir una sucursal en Santa Fe. No sé nada al respecto...
- En alguna reunión hemos hablado sobre el tema. Es que se me presentó una oportunidad con un nuevo empresario que quiere invertir y no quiero dejarla pasar. Iba a viajar yo, pero creo mejor lo haga usted, para que sepa la confianza que tengo a mis empleados. Martina, mi esposa, le dará los detalles en el viaje, alquilen un auto así ella puede ir leyendo las cláusulas del futuro contrato sin ninguna interrupción, lo conoce muy a fondo pues estuvo ayudándome un par de noches a pasarlo en limpio. La reunión con este empresario es mañana martes a la tarde, tienen un día entero para estudiarlo. Es un negocio casi hecho, sólo necesito que lo tengan por escrito y sea entregado personalmente por alguno de nosotros, no tienen que firmar nada.
- Muy bien Sr. Kolh, pero... me hubiese gustado...
- Ahora tengo que cortar, cualquier duda pregúntele a Martina. Y atiéndamela muy bien. Adiós.
Era una trampa, estaba jugando conmigo. No podía disimular mi nerviosismo y me fui al baño, me lavé la cara y me resfregué los ojos. De un momento a otro tendría que llegar Martina. Nos quería encontrar juntos en la cama para asesinarnos a los dos, o nos quería matar en la ruta como si fuese un accidente. No, no lo podía soportar, tenía que inventar una excusa para no hacer este viaje, pero qué.
Cuando regresé a mi escritorio esperé media hora sin hacer nada y llegó ella, la Sra. Kolh.
- ¿Por qué no me llamaste? ¿Por qué no me dijiste nada? (le pregunté desesperado sin saludarla)
- No podía, lo resolvió ayer a la noche, si yo iba a viajar con él... y de pronto dijo que era mejor que vaya con vos.
- Te das cuenta que nos quiere matar, lo va hacer en la ruta (dijo que alquilemos un auto), parecerá un accidente, lo sé...
- Pero que estás diciendo Rubén. Adolfo no es capaz de semejante cosa (me decía mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y se tapaba la cara para no ser vista).
- Lo hizo a propósito. Lo hizo a propósito (sin darme cuenta estaba gritando y por más que la puerta de mi oficina estuviese cerrada los empleados habían escuchado y miraban curiosos para enterarse qué estaba pasando).
- Rubén, por favor. Vamos a almorzar y hablemos en otro lugar (dijo tranquilizándome).
- No, vámonos ahora. Andá a alquilar el auto; yo tengo que ir a casa a buscar algunas ropas y me pasas a buscar por allá.
- Vamos juntos.
- No, pasame a buscar por casa (estaba tan asustado, tan nervioso, que incluso yo no me reconocía, estaba cambiando de personalidad).
Llegué a mi departamento y sin pensarlo busqué en la puerta derecha de mi ropero, debajo de la ropa de invierno, un arma, un revólver muy pequeño que había comprado hacía tiempo, no sabía que tipo de arma era, sólo la tenía porque mi padre había dicho que era conveniente tener una, y había llegado el momento de usarla. Nos seguiría un detective y en el momento de estar seguro quién fuese, le dispararía. Tomé sólo un traje y ropa sport para viajar. Bajé y Martina llegó al instante. Conduje yo mientras ella me leía el contrato, interrumpiendo al principio por su llanto, no le dije nada hasta que sola se fue calmando. Mis ojos estaban desorbitados mirando entre un espejo y otro en busca del coche sospechoso.
- ¡Por favor!. Dejá de actuar como si nos estuviesen siguiendo (gritó Martina cuando comenzó a llorar nuevamente).
- Es que nos están siguiendo. Vos misma me dijiste sobre el detective.
- Si, ya sé. Pero no nos va a matar. Creo que es una mujer.
- ¿¡Qué!?
- Si, creo que es una mujer; una mujer detective.
- ¿Por qué? ¿Por qué lo decís?
- Encontré otras facturas y hay muchos gastos de perfumería e incluso de peluquería...
- Es ella, es ella...
- ¿¡La viste!?
- No precisamente. ¿Cómo es?
- No sé, nunca la vi, pero... ¿Como sabés quien es?
- Tuve muchos sueños con una mujer que me seguía, pero no sé quien es, no la conozco. Y tiene que ser ella, es la detective. Quizás mi inconsciente la percibió y en los sueños la hace presente...
- ¡Ay! Rubén no digas idioteces, estás inventando cosas.
- No, no, lo digo en serio. Me tenía obsesionado la mujer del ojo de vidrio y ahora me doy cuenta quién es; cuando la vea podremos escapar.
- Encima tiene ojo de vidrio. Estuviste viendo muchas películas de terror.
- Está bien, no importa, a mí me tranquiliza.
Y seguimos viaje. Yo más contento de saber que la mujer del ojo de vidrio era la detective. Ahora sabía que la raquítica que me perseguía en mis pesadillas era la persona que había contratado el Sr. Kolh para comprobar mi relación con Martina y esto significaba un gran alivio para mi.

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