domingo, 27 de abril de 2008


CAPITULO XVII

Fui al Banco como todos los días, en un momento pensé en dar parte de enfermo, pero muchos ya sabían que hoy era mi cumpleaños y el gerente no podía faltar ese día, seguramente estarían esperándome con regalos para hacerme creer lo mucho que me consideraban y que siempre me tenían presente, con besos y abrazos falsos deseando en realidad que este año fuese el último en mi vida. Además de ser el día de mi cumpleaños quizás podría ser el día de mi muerte, fue por eso que decidí llevar el revólver; no le daría tiempo a la detective a sacar el suyo de la cartera, yo sería más rápido y le dispararía primero. Esa hija de puta iba a caer a mis pies y confesaría que había sido mandada por el Sr. Adolfo Kolh delante de todos los empleados, entonces yo habría actuado en defensa propia.
A pesar que sabía quien iba a ser mi verdadero asesino lo seguía tratando con respeto, le debía mucho al Sr. Kolh y consideraba su venganza justa, yo me había aprovechado de su confianza y merecía esto, aunque no estaba preparado. A lo mejor si él hubiese venido personalmente a matarme no me resistiría, pero el haber mandado a un segundo me parecía una cobardía.
No quiero pensar más en el asunto.
Como dije, tomé el arma, me la puse detrás, en la cintura, presionándola con el cinto como en las películas hacían todos; parecía un lugar seguro, mi saco la ocultaba. Decidí ir en un taxi, creía que un colectivo podía ser peligroso, sin embargo no me sentía seguro en éste y con mi vista trataba de abarcar todo a mi alcance, buscaba a la mujer del ojo de vidrio parada en cualquier esquina esperando la mejor ocasión para cumplir con su mandato.
Al entrar al Banco bajé mi cabeza sin mirar a nadie y me dirigí a mi oficina, abrí el cajón del lado derecho y dejé el revólver, creo que nadie lo notó. Casi al instante entró Mabel (mi secretaria) y me deseó feliz cumpleaños regalándome un almanaque para el próximo año ¿A quién se le ocurre regalar un almanaque para el próximo año un 11 de noviembre?, sólo a mi secretaria, imbécil. Así fueron desfilando uno a uno, las chicas de cuentas corrientes habían juntado dinero para comprar una corbata, fue el único obsequio que me gustó y puede que algún día use. Las felicitaciones ya se volvían intolerables y pedí que nadie me moleste, no quería que las gordas de tarjetas de crédito me babosearan con sus saludos, ni el fracasado del tesorero me diese un apretón de manos todas transpiradas; quería estar solo. Entonces algunos me llamaban por el interno y con la ayuda de mi secretaria hice un desvío para su teléfono. Después de las diez de la mañana suena la campanilla, era mi secretaria.
- Le dije que no quiero recibir ningún llamado.
- Lo se señor, pero es la Sra. Kolh; pensé que a lo mejor quería recibir su saludo.
- Esta bien, pásemela.... Hola Martina.
- ¿Rubén?, se lo conté, le dije todo anoche. No podía esperar más.
- Hoy es mi cumpleaños...
- Me dijo que ya sabía todo, como sospechábamos, pero que él confiaba en que yo se lo contase primero antes de tomar alguna determinación. Quiere que olvide lo que pasó entre nosotros. Con respecto a vos espera a que te disculpes con tu renuncia para que no pase a mayores y se entere todo el mundo. Así todo vuelve a ser como antes entre él y yo.
- No te preocupes estoy preparado, esto termina hoy.
- Rubén no me estás escuchando. Yo le dije que sí. Mandá tu renuncia hoy mismo, tenés que conseguir trabajo en seguida, no tengo la menor duda. Vos sabés que yo te quise en serio, desde un principio los dos sabíamos que esto no podía funcionar; te juro que lo que pasó entre nosotros no lo voy a olvidar nunca, no lo quiero olvidar, pero vos tenés que tratar de hacerlo, sos joven y exitoso muchas mujeres quisieran estar a tu lado y seguramente salís a la calle y... Sos muy bueno y no te puede ir mal...
- No te preocupes lo voy a solucionar todo hoy...
- Sí, eso es lo que tenés que hacer, pensar en positivo. Sé que a Adolfo lo quiero y es por eso que me quedo con él. No es que los estoy comparando, con vos fue algo distinto, aunque no fue una aventura como en Brasil ¿Te acordás que te conté?. Esta determinación la tomé pensando en lo mejor para vos, él tiene mucha influencia en este ambiente y el conseguir un buen puesto se te haría difícil...
- Ya no me va a perseguir más, hoy...
- ¡Claro! Ya no te va a perseguir más, quedate tranquilo respecto a eso. Estuvo hablando con la detective en cuanto se lo conté (delante mío), y lo dio como un caso cerrado.
- Hoy resuelvo todo, y vas a poder venirte conmigo.
- Hoy... ¿¡Como!? Rubén ¿Qué me estás diciendo?. No me entendiste nada. Mirá, creo que te lo expliqué todo muy bien.
- No Martina, vos no entendés.
- No, no, no; aquí hay una confusión. Espero que esto no te afecte mucho, porque hagas lo que hagas no vas a cambiar mi decisión. Chau.
Había estado hablando sin escuchar sus propias palabras, sé que no había dicho lo que sentía en realidad. Adolfo Kolh la estaba amenazando, tenía una pistola apuntándole en la cabeza, y obligándola a tomar esta determinación que no era justa. Nosotros nos amamos y no hay quien nos pueda separar.
No se acordó de mi cumpleaños.
Quedé con el tuvo del teléfono en la mano, estaba a punto de explotar, en mi interior se estaba generando una energía capaz de aniquilar toda la galaxia y yo tratando de contenerla, una furia imposible de controlar. En ese momento quería destrozar todo a mi alcance, desparramar mi escritorio y no dejar nada sano, deseaba la destrucción de todo. Estaba siendo engañado, sabía que me mentía, y otra vez pensaba que había sido toda una confabulación desde el principio; ella me había provocado para luego crear sospechas y finalmente dejarme sin trabajo, terminar con mi vida. Pero no dejaría que esto sucediese, en cuanto la raquítica del ojo de vidrio cruzase la puerta de entrada del Banco yo estaría preparado para matarla y no darle tiempo a cometer su mandato. En cualquier momento llegaría y la estaba esperando, la estaba esperando.

CAPITULO XVI

Guardé unos archivos en mi escritorio y me senté, solté un suspiro por aburrimiento y no por cansancio. Ese día hacía mucho calor y había un sol que rasgaba la tierra, pero la gente seguía corriendo por la calle Santa Fe de un lado a otro sin mirarse a la cara y llevándose por delante; desde mi oficina podía ver todo hacia afuera a través del frente de cristal que no ocultaba nada a nuestros ojos y en cuanto se abría la puerta sabíamos qué cliente era el que entraba. Cuando miraba lo que pasaba en la calle en busca de algún entretenimiento así no quedarme dormido, vi entrar a la detective, su aspecto era el mismo como en mis pesadillas, muy delgada casi raquítica con su cara chupada y pómulos profundos, y precisamente tenía el ojo de vidrio. Se dirigía directamente a mí con una leve sonrisa de complicidad y desagrado que me confundía, me paré, estaba dispuesto a recibirla y confesarle toda mi relación con Martina, no tenía sentido ocultarlo ya sabía todo lo nuestro y seguramente ahora venía a hacerme alguna propuesta para que todo quede olvidado, incluso mi puesto como gerente. Estaba vestida con su uniforme de azafata en color rojo, tal cual la había soñado; mientras se acercaba metió su mano derecha en la pequeña cartera que traía y extrajo un revólver, seguía caminando y me apuntó mostrando sus dientes amarillos, me tiré lo más rápido que pude al piso pero fue en vano, ella disparó y dio de lleno en mí.
Sonó el timbre, no sabía si estaba muerto todo cubierto de sangre u otra vez había estado soñando y cubierto de transpiración. Me levanté y miré a través del agujerito que tienen todas las puertas de los departamentos de edificios, era un hombre aparentemente del correo; abrí la puerta sin sacar el cerrojo.
- Buenos días señor, el portero me permitió subir para entregarle este telegrama personalmente que tiene que firmar, por favor.
- Si, muy bien.
- Gracias, que tenga muy buenos días.
Era el telegrama de despido sin ninguna duda, pensé. Pero no, era un telegrama de Rosario, que no entendí en un primer momento, no tenía sentido, decía:


93/11/11 1942
ZCZC RUY 705 ZOA828 10
ROSARIOESF 13 11 1115

RUBEN LASTRA
MENDOZA 3855 3º A
ROSARIOSF

EN TU CUMPLEAÑOS RECIBIRAS UNA GRAN SORPRESA

NNNN

¿Quién podría ser?, quizás estaba Martina en Rosario y quería darme una sorpresa, aunque me hubiese llamado antes por teléfono con seguridad (qué sentido tenía un telegrama), no había recibido ningún mensaje de ella desde nuestro viaje a Santa Fe el último lunes y martes, era muy pronto para recibir una nueva visita de ella, a no ser que hubiese decidido dejar a su esposo. También parecían palabras exactas de Isabel, en realidad estaba esperando la sorpresa de todos los años de parte de mi amiga la española, pero ella nunca me había mandado ningún telegrama (y si fuese así no lo consideraba mucha sorpresa), y además este era de Rosario y no de Madrid. Podría ser un telegrama del mismo Sr. Kolh que usaría el día de mi cumpleaños para mi propio asesinato y hoy mandaría a la detective a que lo hiciese; mis sueños eran como un presagio, un aviso y acababa de tener un sueño en el cual me asesinaban. Sí, me inclinaba por esta última posibilidad. Hoy tenía que esperar cualquier cosa.

CAPITULO XV

Nos hospedamos en un hotel, en habitaciones separadas. Cada uno tomó una copia del contrato y lo estudiamos por separado en cada habitación. Lógico que no me concentré un solo instante, pero nos sentíamos frenados a nuestros instintos. Bajamos a cenar y hablamos sobre las dudas que teníamos respecto al negocio de mañana. Ella se retiró antes.
Me acosté y debajo de la almohada coloqué el revolver. Pensaba, pensaba en ella, me había desnudado sin darme cuenta esperando a que toque la puerta. Pero un impulso, como cuando la fui a buscar al hotel después de las primeras noches que estuvimos juntos, me levantó de la cama y sin ropas caminé por el pasillo que separaban nuestras habitaciones y golpeé su puerta.
- ¡¡¡Qué hacés acá!!!
- Quiero estar con vos.
- Pasá mi amor, yo también.
Me abrazó y besó. Yo no podía abrazarla porque tenía el arma en la otra mano, al notarlo me miró, abrió sus ojos como nunca antes lo había hecho y se retiró de mi lado bruscamente.
- ¿¡Qué hacés!? ¿Qué es eso?
- Un revólver. Por si lo necesitamos.
- Estás loco, no va a hacer faltar. Dejá eso por favor.
Juro que no me di cuenta que había traído el arma, fue un acto inconsciente producto de mi nerviosismo y que consideraba justo, puesto que en cualquier momento podríamos tener la visita de la detective, tenía que defenderla, protegerla y el revólver era un muy buen arma. Ahora lo coloqué debajo de la cama para que no nos molestara cuando hacíamos el amor. Hicimos el amor como nunca, yo gritaba como loco de placer, quizás lo hacía adrede, porque era rara la vez que yo gritara en el acto sexual, siempre trataba de contenerlo y guardarlo en mi interior; pero esta vez quería que nos escucharan, ya no teníamos por qué ocultarlo, seguramente la raquítica estaba en la habitación de al lado o en un piso más abajo o más arriba, pero ella escucharía mis gritos y le contaría al Sr. Kolh que aquella noche la habíamos disfrutado como nunca.
- ¿Qué te pasa esta noche?
- Nada.
- Estás muy nervioso Rubén, mejor que descansemos para mañana por el contrato y estar lúcidos para la reunión.
- Vos te creés que a tu marido le importa que ese contrato se realice, si nos mandó acá para pescarnos in fragantti. En cualquier momento entra esa mujer y nos toma una foto cogiendo para mostrársela a él.
- Basta Rubén, parece que lo hacés a propósito para torturarme.
- ¿Qué te dijo de lo nuestro?
- Nada. Absolutamente nada.
- ¡¡Nada!!
- Se hizo el tonto o quiere que se lo diga yo; no sé lo que intenta.
- Y vos... ¿Se lo vas a contar?
- Tampoco sé, por ahora no. ¿Vos qué me aconsejas?
- El jueves es mi cumpleaños.
- ¡¡Ay!! Mi amor, feliz cumpleaños. ¿Qué querés que te regale?
- Que sé yo.
La reunión se realizó con toda normalidad; las acotaciones las daba casi en todo momento Martina, mientras yo sólo aclaraba algunos asuntos contables. No llamó la atención que la esposa del dueño fuese con un gerente de sucursal, incluso parecía apropiado.
Ella tomó un micro directo a su ciudad y yo volví solo a Rosario conduciendo el auto de alquiler. La mujer del ojo de vidrio no se hizo presente.