domingo, 27 de abril de 2008

CAPITULO XII

Otra vez me llamó la Sra. Kolh, pero ahora su voz no era la misma de siempre cariñosa y seductora como cuando me hablaba al oído, estaba llorando y lloraba sin parar, sus palabras se entrecortaban atragantándose con las lágrimas y le era difícil concluir una oración. ¡Qué estaba pasando!.
- Rubén... Rubén. Tengo miedo... no sabés...
- ¿¡Martina!? ¿Qué pasa? ¿De qué tenés miedo? (no podía comprender de qué me estaba hablando, casi no entendía sus palabras mezcladas con llanto).
- ¡Ay, Rubén!... Adolfo, Adolfo lo sabe, se enteró... El lo sabe, él lo sabe (y seguía repitiendo «él lo sabe» mientras yo me paré sobresaltado de mi sofá).
- ¡Cómo que lo sabe! ¿¡Qué estás diciendo!? (sabía de que me hablaba pero no lo quería reconocer, quería escuchar otra cosa, no podía ser).
- Si, sabe lo nuestro... Estoy segura, él lo sabe... porque... (me dijo casi enojada porque yo no le quería creer y la interrumpí).
- Pero ¿Qué pasó? ¿Vos le contaste? ¡Martina!
- No, yo no le conté nada. Es que en su escritorio, aquí en casa... en su escritorio encontré una factura, y está a nombre de una empresa de detectives privados. ¿Entendés?
- Pero Martina, eso no quiere decir nada (le dije tratando de calmarla cuando a mi ya me empezaban a templar las piernas).
- Es que en los gastos figuran un pasaje de ida y vuelta a Rosario en la misma fecha en que estuve allá, ¡nos estuvieron vigilando!; también un almuerzo en el restaurante que fuimos juntos el sábado. Coincide todo. Debe saber que dormí en tu casa y no en lo de Raquel, sabe todo. No dudo que tenga fotos mías junto a vos, porque le deben haber dado información completa, me preocupa tu trabajo Rubén. Tengo mucho miedo. ¿Qué vamos a hacer?
- No, no puede ser. Por favor (casi me pongo a llorar yo también), pero... ¿Cómo pudiste encontrar eso? ¿La factura estaba muy a la vista?. El tuvo que haberla escondido para que vos no te enterases (supuse sin ningún sentido, esto no justificaba nada).
- Porque yo nunca entro a su escritorio, y esta vez lo hice para buscar unas fotos y lo encontré dentro de uno de los cajones. Te juro que casi me desmayo, y ahora no puedo parar de llorar; no sé como voy a reaccionar cuando él vuelva y lo tenga que mirar a la cara. No voy a poder Rubén.
- El lo debe saber desde hace una semana, a lo mejor te quiere asustar y no pasa nada, y a mí más que echarme no puede hacer. No te preocupes (no sé a quien quería engañar, lo último que dije no lo creía ni yo, pero tenía que haber un consuelo).
- Adolfo es muy vengativo; puede llegar a hacer cualquier cosa. Por favor Rubén cuidate; si únicamente te hecha yo sería muy feliz, porque con tu título de contador conseguirás cualquier otro buen trabajo; él conoce mucha gente y si quiere puede arruinar tu carrera, si quiere te puede destruir Rubén.
- Quizás sea conveniente que renuncie antes de que él intente otra cosa...
- ¡No!, mejor esperá a que hable con él, aunque no sé que decirle, que sé yo; creo que es conveniente que me calle la boca hasta que me diga algo, porque se la puede agarrar sólo conmigo. Le pedí a la muchacha que limpia que se quede durante varios días en casa, para yo no estar sola; por lo menos hasta que planeemos algo.
- ¡Planear algo!. Martina está todo dicho, es mejor que yo renuncie y que él te pida el divorcio...
- ¡No! ¡Ya te dije que no!. No quiero que renuncies y ni hablar de divorcio, esto tiene que quedar en la nada y seguir como siempre...
- ¿¡Como quedar en la nada!? Martina esto es mucho.
- Tengo que cortar, ya debe estar por llegar. Te quiero.
- ¡Martina! ¡Martina!
«Quedar todo en la nada» era lo que quería, no había dudas. Ahora pensaba que era todo un invento de ella para terminar con lo nuestro, era una buena excusa. Aunque la sentí muy sincera y preocupada realmente, en los últimos días sabía que no me mentía en sus sentimientos, ¿por qué mierda iba a hacer esto?, no era lógico; Martina me quería como lo dijo al cortar, pero también quería estar con su esposo Adolfo y tenía miedo de lo que pudiese llegar ha hacer él, y yo también; seguramente el detective estaría siguiendo mis pasos. Si el Sr. Kolh era tan vengativo como decía ella podía incluso llegar a matarme y yo tendría que cuidar mis espaldas y cerrar bien la puerta de mi departamento, no podía dejar acceso al detective para matarme. Como siempre comenzaba a obsesionarme, había terminado de hablar con Martina y ya estaba obsesionado, como dije, es una de mis características que no puedo cambiar. También debía reforzar mis contactos con demás bancos en caso de necesitar de ellos próximamente.
Ahora aparte de seguirme la mujer del ojo de vidrio me seguía un detective.

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