Guardé unos archivos en mi escritorio y me senté, solté un suspiro por aburrimiento y no por cansancio. Ese día hacía mucho calor y había un sol que rasgaba la tierra, pero la gente seguía corriendo por la calle Santa Fe de un lado a otro sin mirarse a la cara y llevándose por delante; desde mi oficina podía ver todo hacia afuera a través del frente de cristal que no ocultaba nada a nuestros ojos y en cuanto se abría la puerta sabíamos qué cliente era el que entraba. Cuando miraba lo que pasaba en la calle en busca de algún entretenimiento así no quedarme dormido, vi entrar a la detective, su aspecto era el mismo como en mis pesadillas, muy delgada casi raquítica con su cara chupada y pómulos profundos, y precisamente tenía el ojo de vidrio. Se dirigía directamente a mí con una leve sonrisa de complicidad y desagrado que me confundía, me paré, estaba dispuesto a recibirla y confesarle toda mi relación con Martina, no tenía sentido ocultarlo ya sabía todo lo nuestro y seguramente ahora venía a hacerme alguna propuesta para que todo quede olvidado, incluso mi puesto como gerente. Estaba vestida con su uniforme de azafata en color rojo, tal cual la había soñado; mientras se acercaba metió su mano derecha en la pequeña cartera que traía y extrajo un revólver, seguía caminando y me apuntó mostrando sus dientes amarillos, me tiré lo más rápido que pude al piso pero fue en vano, ella disparó y dio de lleno en mí.
Sonó el timbre, no sabía si estaba muerto todo cubierto de sangre u otra vez había estado soñando y cubierto de transpiración. Me levanté y miré a través del agujerito que tienen todas las puertas de los departamentos de edificios, era un hombre aparentemente del correo; abrí la puerta sin sacar el cerrojo.
- Buenos días señor, el portero me permitió subir para entregarle este telegrama personalmente que tiene que firmar, por favor.
- Si, muy bien.
- Gracias, que tenga muy buenos días.
Era el telegrama de despido sin ninguna duda, pensé. Pero no, era un telegrama de Rosario, que no entendí en un primer momento, no tenía sentido, decía:
93/11/11 1942
ZCZC RUY 705 ZOA828 10
ROSARIOESF 13 11 1115
RUBEN LASTRA
MENDOZA 3855 3º A
ROSARIOSF
EN TU CUMPLEAÑOS RECIBIRAS UNA GRAN SORPRESA
NNNN
¿Quién podría ser?, quizás estaba Martina en Rosario y quería darme una sorpresa, aunque me hubiese llamado antes por teléfono con seguridad (qué sentido tenía un telegrama), no había recibido ningún mensaje de ella desde nuestro viaje a Santa Fe el último lunes y martes, era muy pronto para recibir una nueva visita de ella, a no ser que hubiese decidido dejar a su esposo. También parecían palabras exactas de Isabel, en realidad estaba esperando la sorpresa de todos los años de parte de mi amiga la española, pero ella nunca me había mandado ningún telegrama (y si fuese así no lo consideraba mucha sorpresa), y además este era de Rosario y no de Madrid. Podría ser un telegrama del mismo Sr. Kolh que usaría el día de mi cumpleaños para mi propio asesinato y hoy mandaría a la detective a que lo hiciese; mis sueños eran como un presagio, un aviso y acababa de tener un sueño en el cual me asesinaban. Sí, me inclinaba por esta última posibilidad. Hoy tenía que esperar cualquier cosa.
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