Recibí carta de Isabel, una carta muy extraña, una carta que me asustó y creo que lo mejor es transcribir sus palabras de puño y letra, aquí va:
«¿Qué te sucede Rubén? Tu última carta fue muy fría, ¿me estás abandonando?, sé que algo te está pasando. Sabes que no me gusta que me ocultes las cosas y creo que lo estás haciendo. Tu última correspondencia fue corta y no debido a que estabas ocupado con tu trabajo, sino a que me escondes algo. Y creo saber qué es, pero quiero que tú me lo digas. ¿Quizás otra mujer?. Nuestra relación no es más que de amigos pero merezco cierto respeto. Aún así recibirás una sorpresa para tu cumpleaños. Adiós.»
¿Como sabía que le ocultaba algo? ¿Como sabía qué era una mujer? Estaba como celosa. Desde un primer momento me sentí como estar engañando a Isabel y ella lo había notado, pero parecía enojada, celosa; a pesar de que decía que nuestra relación no era más que de amigos y ahora sus consejos me parecían órdenes. Leí varias veces su carta hasta que exploté de odio, la hice un bollo y la tiré. Tenía mucha bronca, esta gallega estaba influyendo mucho en mi vida y no lo podía permitir. Dije «gallega» como una ofensa, no sé por qué, siempre me refería a Isabel por su nombre o a lo sumo por «la española»; pero esta vez dije «gallega» queriendo ofenderla con un insulto, aunque fuese gallega. De todos modos a lo mejor fue pura coincidencia y no me tendría por qué preocupar.
Me fui a acostar y para no pensar en Isabel ni en Martina encendí el televisor, no daban nada entretenido así que deje un canal donde pasaban documentales, no debió ser muy interesante porque me quedé dormido. Estaba soñando que había ido a visitar a mi tía Marta y estábamos comiendo, yo daba mi espalda al ventanal del patio, ya era de noche, charlábamos en forma muy entusiasta cuando siento que me observan, bruscamente doy vuelta mi cabeza hacia el ventanal del patio y veo a la mujer del ojo de vidrio que me miraba esbozando una sonrisa en su cara casi cadavérica. Me levanté de la silla y corrí, pero esta vez no para escapar de ella, sino para atraparla; abrí la puerta del patio y la vi corriendo por entre los techos de las casas vecinas, ya estaba en la casa de al lado después de haber saltado el pequeño tapial y subido por el mismo al techo; luego saltó al techo de la casa que daba al fondo de la de mi tía; yo la seguía con mi vista y le gritaba:
- Vení acá hija de puta, vení.
Quería saber quién era y por qué aparecía en mis sueños sin yo conocerla. Cuando saltó hacia la otra casa la perdí de vista, había logrado escapar, tampoco hice mucho como para atraparla, podría haber subido a los techos y saltar tras ella, pero algo inmovilizaba mis piernas, cuando logré moverlas sólo atiné a entrar nuevamente al comedor; pero la raquítica estaba sobre el techo de la casa de mi tía y se abalanzó contra mí gritando, me tiró al piso.
Mi susto fue tan grande que no pude seguir soñando y me desperté. Otra vez me había vencido, no había podido lograr saber quién era esa mujer que me perseguía en mis sueños y me despertaba sobresaltado como a un niño miedoso solo en la oscuridad de la noche.
El televisor aún estaba encendido con otro documental en la pantalla, lo terminé de ver. No quería pensar en Isabel, ni en Martina, ni en la mujer del ojo de vidrio.
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